La MASLD es conocida actualmente como enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD por sus siglas en Inglés), anteriormente como enfermedad del hígado graso no alcohólico. Esta condición se ha convertido en la enfermedad hepática crónica más común en el mundo, afectando a cerca del 30% al 40% de la población adulta.
Es una condición en la que se acumula grasa en el hígado debido a problemas en el metabolismo. Comienza con la acumulación de grasa (esteatosis aislada) y puede progresar a la MASH (esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica) lo que produce inflamación y daño de las células del hígado. Si no se trata, puede evolucionar hacia una cicatrización grave del tejido, lo que se conoce como fibrosis que finalmente termina en cirrosis hepática o incluso, con los años, en cáncer de hígado.
Al inicio, esta condición no genera síntomas, como suele suceder con otras enfermedades que tienen un inicio silencioso, por ejemplo: la hipertensión arterial, la diabetes o los trastornos del colesterol.
Algunos pacientes refieren síntomas generales como:
Aún así, es frecuente que la enfermedad se identifique de forma accidental durante la realización de una ecografía abdominal indicada por otro motivo o porque en laboratorios de sangre de rutina se encuentran niveles elevados de las pruebas del hígado.
La alteración en el metabolismo es desencadenante de esta condición (lo que se conoce como síndrome metabólico), ya que generalmente se presenta en personas con:
Otros factores relacionados son la genética, el envejecimiento, el consumo de dietas ricas en azúcares y grasas saturadas, y el sedentarismo.
Si presenta alguno de éstos factores de riesgo o le han identificado hígado graso, es importante consultar porque la detección temprana, así como recomendaciones médicas y seguimiento, pueden prevenir complicaciones a futuro.
Como se mencionó, usualmente se identifica de forma incidental por ecografía de abdomen o con laboratorios de sangre alterados, pero se puede complementar todo el perfil de riesgo metabólico para identificar si hay otras afecciones relacionadas como: diabetes, hipertensión, alteración en triglicéridos y colesterol, trastornos de la tiroides, sobrepeso u obesidad; las cuales deben tratarse de forma global para lograr un impacto real en los desenlaces a largo plazo.
Para evaluar el grado de compromiso y extensión de la grasa y fibrosis en el hígado, se pueden utilizar herramientas clínicas que se calculan en consulta (conocido como Índice FIB-4) que estima el riesgo de cicatrización hepática o se puede realizar una elastografía la cual es un estudio no invasivo que mide la rigidez del hígado para detectar fibrosis y con este, se puede tomar la decisión de avanzar en el tratamiento o si se requiere valoración por hepatologia (especialista en enfermedades del hígado).
La base del tratamiento son los cambios en el estilo de vida:
Se ha demostrado que incluso solo el cambio de algunos de los hábitos puede resolver el hígado graso, por ejemplo:
En estudios clínicos, el 45% de los pacientes que lograron perder un 10% o más de su peso corporal mostraron una reducción en la fibrosis en un periodo de 52 semanas y el 90% de estos pacientes lograron la resolución de la inflamación.
En casos moderados o graves o que no se logran sostener los cambios en hábitos, se puede utilizar medicamentos que además de ayudar a reducir de peso, han demostrado evidencia en reducir la fibrosis como por ejemplo: semaglutida, tirzepatida (medicamentos utilizados también para la diabetes y la obesidad) y actualmente existen otros medicamentos en investigación, adicional a otras estrategias como el uso de vitamina E que puede ayudar por su efecto antioxidante y el manejo de comorbilidades.
En casos de obesidad severa, la cirugía bariátrica también ha demostrado revertir el daño hepático.
La MASLD se encuentra asociada a un compromiso multisistémico, ya que existe un mayor riesgo de presentar enfermedad cardiovascular, la cual es la principal causa de muerte en estos pacientes y en general en el mundo.
Igualmente se asocia a enfermedad renal crónica, hipotiroidismo y ciertos tipos de cáncer (ejemplo colorrectal y cáncer de mama).
Localmente esta condición progresa de hígado graso a hepatitis (es decir inflamación del hígado) posterior a ello fibrosis con enfermedad avanzada como cirrosis y cáncer hepático en los cuales se limitan mucho más las oportunidades de tratamiento y hay un peor pronóstico.
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